La Humildad…

La persona humilde, por lo general, goza del amor y cariño de los demás a consecuencia de su trato modesto y generoso. Donde hay humildad hay sabiduría, por eso su hablar es suave y melodioso adornado con palabras de bien y no de mal. Ser humilde no es ser tonto ni cobarde, Jesús nunca lo fue y nos dice: aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallareis descanso para vuestras almas (Mateo 11:29). Quien busca ser humilde no busca elogios ni alabanzas sino oportunidad de servir a los demás. Entiende lo que dice Mateo 20:26-27: “El que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo”.

La Humildad es signo de Grandeza y es muy apreciada ante los ojos de Dios. La humildad hace a la persona ser digna de respeto y confianza. Muchos matrimonios y relaciones, están viviendo tiempos de discordia e infelicidad y llegan hasta separarse, por  exceso de orgullo y  falta de su antídoto que es la humildad. Muchas personas no son exitosos en diferentes áreas de sus vidas por desconocer esa herramienta milagrosa del diario vivir y de las relaciones interpersonales que se llama la humildad.

Quizás el motivo de no estar viviendo tu vida a la altura de la plenitud que te gustaría, sea por tu falta de humildad lo cual comienza por no reconocerla. Nos podemos estar perdiendo las bendiciones que nos hacen falta y siempre hemos anhelado, por tener las reservas vacías del combustible que acelera los tiempos de su llegada que es la humildad. Dios no escucha a los altivos y orgullosos, solo a los mansos y humildes de corazón. Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad, dice el Señor Jesús en Mateo 5:5. La humildad es un arma extraordinaria que siempre te bendice.

Te propongo que a partir de ahora abras las puertas de tu alma para comenzar a darle cabida a bendiciones pendientes que tienes y bendiciones futuras por llegar. Comienza  desarrollando las llaves que te compartimos en “Desarrollando Humildad”. 

 Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes dice 1 Pedro 5:5.

Dios te bendiga,

Dr. Nelson

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